martes, 5 de julio de 2011

Cansancio y Mesa


Les voy diciendo que el tema va para largo, por si las dudas.

Bueno, para adelantar...

Advertencias:

No, no odio a mi madre. Sólo no la soporto ligeramente. (El ligero puede variar según la ocasión). -Y ésta entrada de blog puede ser la ocasión perfecta para que varíe-

Expongamos los hechos.

Digamos que están cansados. MUY cansados. Tanto, que lo único que atinan a hacer cuando vuestra madre golpea la puerta, es a girar sus cabezas y observar callados. (Sí, están tan cansados que ni siquiera pegan el usual grito de: ¡Ya va, mierda! Seguido, obviamente, del: ¡Que te dije que YA VA!

(A veces me pregunto ¿"Ya va" el qué? No sé. Pero yo lo sigo diciendo. Total, ella entiende... ¿no?)

Volviendo a la cuestión. Cansados: arrastran los pies hasta la mesa, se sientan pensando, no, perdón: cruzando los dedos. Rezando porque haya preparado algo comestible. (Porque en ese estado de cansancio uno se queja pero lo que viene, viene y le entramos igual)
Eso sí. Estamos cansados, o sea que estamos probablemente irritados. Vamos a comer, señoras madres. Pero nos vamos a quejar.

Ejemplos:

"La puta, ¿ésto de nuevo? ¡¿Ésto?! ¿En serio? No, ni siquiera. No importa. "
• "Eh... Mamá. ¿Qué es esto? *Aquí probablemente haya un breve segundo en el cual actúa el instinto de supervivencia adolescente: no preguntes, hermano. Créeme, no querés saber* No, Má. No importa. Lo como igual..."

Ahora viene la parte más interesante. Al parecer, mientras más cansado esté el individuo adolescente, más alegre, despierto, con ganas de charlar éste el Otro Individuo.
Por lo que mientras el Primer Individuo intenta tragar la bazofia que tiene en frente, el Otro Individuo comienza a mermar su paciencia... Lentamente, claro está. (notar la ironía, por favor)

¿Cómo estuvo el día? ¿Todo bien? ¿Algo para contar...? *inserta sonrisas para mejorar el efecto*

El Individuo está un poco cansando, por lo que mastica cual vaca y mira al frente. Esperando, claro está, a que la información llegue al cerebro. Cuando llega, contesta.

¿Ah? Bien.

Y dios, cómo no existe la conformidad en éste mundo.
Mamá, se me nota a ocho kilómetros que estoy cansada, masticando ésta cosa, intentando tragar y vos venís a hacer la cosa más brutal existente... El re-formular.

¿Cómo que "bien"?

En estos momentos, los Individuos, normalmente... Hacen tres cosas.

Las tres cosas tienen su grado. Porque en éste estado son muy pocos los que aguantan. (Y probablemente los que aguantan no estén leyendo ésto. Ya que deben de tener una buena relación con sus madres : D)


-Uno: Respiran y responden.

-Dos: Respiran, MUY profundo e ignoran.

-Tres: Respiran. Pero no MUY profundo. Respiran para girar sus cabezas y clavar sus ojos en sus madres. Para mirarlas y darles una última mirada de compasión antes de soltar una extensa cantidad de razones por las cuales su madre debería... ¿Cómo decirlo? Irse de la habitación rajando.


Conclusión:

Madres, yo que ustedes no pregunto más... Porque nosotros armarnos de paciencia, ¡nunca!




lunes, 14 de febrero de 2011

Nada más. (Eso espero... )

Simplemente diré que no encontrarán demasiado. (Hablo seriamente, aunque me cueste)
Dudo que exista un manual que te pueda decir como hacerlo. Sólo sé que yo quiero uno, y rápido.
¿Ustedes no?
Así que... A arreglarnos con lo que tenemos.



A la mayor parte del mundo (o eso quiero creer), le parece que sus padres son un incordio. (Por no decir: increíble dolor de ovarios) ¿Me equivoco?
Vamos, que no hay cosa peor que levantarse escuchando gritos, chillidos de horror porque: "Oh, mi dios... ¡No queda coca-cola, tenés que ir a comprar más!". O el típico: "¿Podés ir a sacar al perro?" (Que creo viene acosando a los adolescentes hace generaciones... )

Y uno sale a pasear al perro, a comprar la bendita coca-cola... Porque no queda otra. (O porque queremos callarlos de una buena vez... ).

Ahora es cuando salgo con los comentarios en plan:
PERO ESTO NO VA MÁS. REVOLUCIÓN, SEÑORES. ADOLESCENTES DE TODOS LOS LUGARES DEL MUNDO, UNÍOS.

Lamentablemente, eso no sucederá en ésta vida. (Bueno, en mi imaginación, sí. ¿Cuenta?)

Entonces... No nos queda otra que intentar resistir los impulsos asesinos y maniáticos que nos agarran por dentro cuando vemos a nuestra madre, por ejemplo, sentada plácidamente en el sillón viendo una de esas novelas románticas de la tarde (que perdón, nunca logro entender. ¿Puede haber tanto infidelidad en un sólo capítulo? HOW?!), mientras uno piensa por dentro "God, ayúdeme por favor. Que no me vea llegar, que no me vea llegar", y entonces, su cabeza se gira como Chukie y te clava los ojos. Y, entonces, El Pedido.
(No, en serio. ¿Siempre tienen algo para pedir? Me gustaría descubrir el botoncito para inhibirles la facultad de pedir cositas).

• "¿Te gustaría prepararme un té?"
Oh, sí, madre. Amaría prepararte un té. ¿Querés que te haga galletitas también?


Cuestión importante es ésta. ¿Por qué las madres preguntan siempre las cosas cuando se SABE que no hay escapatoria? (Y conste que lo hacen con esa suave voz que grita "yo te parí")


Es como cuando se pregunta si se puede hacer una pregunta. POR DIOS. Sé que si te digo que NO. NO QUIERO HACERTE UN TÉ.
Me vas a exhortar que vaya y ni siquiera vas a moverte de tu lugar cuando, empleando tus mágicos dotes de madre vas a clavar tus ojos encima mío y a poner esa cara de: "Si no lo hacés, juro que la vas a pasar mal el resto de tu vida" (Agregar sonrisa para mayor efecto)
(Ah, si no olvidar que no deja de prestarle atención en ningún momento a la fantástica novela)----> Eso si es un don. (Léase ironía)


Bueno, supongo que eso podría ser el principio del libro de "Como terminé asesinando a mi Madre".

Pero intento todo lo contrario. (Aunque no se note. Que quede entre nos)
¡Lo juro!